Dejando al margen la falta de surf, hoy, hablo de quillas. Andaba uno con ganas de experimentar en este departamento, hasta hora siempre he ido a piñón: “One God, One Country, One Fin”.
Bueno, realmente, fue algo así: 3 quillas (cuando comenzé a aprender), después cuando has leído, probado y hablado, dices voy a quitar las dos de los lados, a ver que pasa, y pasó que ya no volví a ponerlas.
Así que, siempre voy en single. De hecho, mi última tabla no tiene opción de side bites. Lo cual no quiere decir que los tri-fins no sean muy útiles, pero en general prefiero la sensación de ir single-fin (un sóla quilla). Claro esta última tabla (mi ya famoso retro-huevo), da una sensación de surfear: relajada, recreandote en ello, en olas limpias y con pared. Sweeeet. Claro cuando el tema se pone feote: mar revuelta, viento feo y demás condiciones habituales del cantábrico: ya no es tan sweet, lo recoñozco, estaría bien tener una efectiva y eficiente, tri-fin que me de salida y agarre (psé, psé).
Retomando el tema single, todas las quillas que he llevado hasta hora son muy grandes: 9″ como mínimo, con bastante base (anchas) y también bastante rake -rastrillo, es la parte de atrás de la quilla-. Según la teoría que he leído sobre el tema, muy adecuadas para el noseriding (sobre todo la de la foto), dando empuje y velocidad en olas grandes y bastante control cuando está muy adelantado en la tabla. Como contrapartida, es más dificultoso girar rápido y cerrado, y cuando vas muy deprisa todavía más. Los giros son muy aaaaaammmplios permiten recrearseeee en ellos, si la ola te deja claro (normalmente en 2 giros ya te está cerrando malamente). En la imagen la quilla que uso habitualmente con mi Bing. Luego está también, el tema de como de atrás o a delante colocas la quilla dentro del cajetín central. Esto influirá en la facilidad y el radio de giro, es decir, lo abierto o cerrado que serán tus giros, y a la estabilidad en los mismos. Podéis aprender la teoría de mr. Harbour, comienza a 8,5″ de la cola, ir ajustando en incrementos de 1/4 de pulgada hacia la cola para eliminar derrapes de la cola.

Total que, ya tenía echado el ojo a un par de modelos de la marca True Ames. Principalmente dos modelos: Uno réplica de unos diseños realizados por revolucionario George Greenough. Este kneeboarder (entre otras muchas cosas) californiano, revolucionó por completo el diseño de las quillas utilizadas en el surf. Pasando, gracias a sus diseños, de usar los típicos skegs (a pesar de lo que digan las pegatinas) a algo más parecido a lo que empleamos hoy en día.
Me resulta curioso lo que comenta acerca de la configuración de quillas en twin-fin de su Velo Spoon construido con balsa en 1962:
“a twin fin, but as time went on, I moved the fins closer together, and it kept working better and better. Eventually, it turned into a single fin!”

El otro tipo de quilla era una flexible, que en teoría ofrece, best of both worlds. Es decir empuje, propulsión, en definitiva: velocidad de una quilla rígida y grande, mientras que la flexibilidad hace que se pueda girar con menos esfuerzo, y sin renunciar al control lo que en los días grandes vendrá de perlas. Como todo lo interesante está en el equilibrio entre la rigidez y flexibilidad, ya que demasiada flexibilidad hará que perdamos empuje y propulsión, que en días grandes también es interesante.
La quilla que pillé es el modelo L-Flex y está diseñada por Greg Liddle, su fino cuerpo proporciona una menor resistencia, lo que unido a su estrecha, y fléxible punta ayuda a mejorar los girosssssss (o eso dice la publicidad).
Pero lo realmente bueno de todo, es que antes de comprarlas directamente en la web y en un atisbo de inteligencia, raro en mi, dicho sea de paso, cuando de compras se habla. Me decidí a mira si en Ebay alguien vendiera alguna quilla de las dos, pues BINGO! las encontré ambas a la venta del mismo comprador. Long story short: por 40$ dos quillas casi nuevas, total un ahorro considerable.
Como no todo iba a ser bueno, aún no las estrené porque ya llevamos dos semana de plato infame.